
Treinta años después
Dos hombres se reencuentran después de treinta años y se atreven a expresar lo que habían callado.
Pedro y Javier se reencontraron casualmente en la plaza del pueblo un domingo de verano después de treinta años, canas y arrugas marcando el tiempo perdido. Se habían amado en secreto de jóvenes pero fueron separados por el miedo y el silencio. Se miraron fijamente, como tratando de ver en los ojos del otro lo que había pasado en las tres décadas. Mientras más se miraban, más comprendían la verdad. Sin decir palabra, entendieron que sus sentimientos nunca habían desaparecido. No lo pensaron dos veces y se dieron un beso profundo frente a las viejas lengualargas que se quedaron boquiabiertas. Hoy sí se tomaron de la mano sin siquiera pensarlo y así caminaron frente a todos. El mundo seguía igual, pero ellos ya no temían.
© Pedro Muñoz Gerdau